domingo, 27 de abril de 2014

ENSOÑACIONES DE UN PASEANTE SOLITARIO


JEAN JACQUES ROUSSEAU


ENSOÑACIONES DE UN PASEANTE SOLITARIO

La última obra de Roussau interrumpida por la muerte fue Ensoñaciones de un paseante solitario, soliloquio de un un hombre alejado de la sociedad y de los humanos, que da vueltas a sus recuerdos, a sus meditaciones y a sus ensueños, que se unen entre sí sin más enlace que la disposición sentimental del autor. Cuando le sorprendió la muerte, Rousseau estaba redactando el 8vo paseo: en el primero, el autor ha roto sus relaciones con los hombres: “Héme aquí solo en la tierra, sin un hermano, sin un prójimo, sin un amigo, sin compañía alguna.” Solo en sí mismo quiere buscar “el consuelo, la esperanza y la paz.” Decide por eso escribir su diario, para que le sirva de compañía en su absoluta soledad,
En el segundo paseo nos relata un accidente y sus consecuencias que impresionaron vivamente la imaginación del autor. En el tercero expone la gran reforma material, intelectual y moral que se operó en él al llegar a los 40 años. El resultado de sus penosas búsquedas fue la profesión de fe del vicario saboyano con su principio fundamental que Rousseau opone victoriosamente a los sensualistas y a los materialistas de su tiempo. El Quinto paseo, justamente célebre marca el punto final de lo que hoy llamaríamos el existencialismo rousseauniano; todo él está dirigido al delicioso recuerdo de la Isla de Saint Pierre y de la existencia ociosa y soñadora que allí llevaba. Son las páginas descriptivas más originales de Rousseau, aquellas en las que verdaderamente se crea un nuevo modo de sentir la naturaleza. Muchos han hablado, a propósito de este hermoso paseo de misticismo.
La palabra es impropia, porque el caminar del paseante solitario es totalmente distinto del místico cristiano, cuya voluntad va a perderse en la de Dios. Hecha esta reserva, debemos decir que el joven Rousseau, educado por una tía pietista, va desgarrándose entre unas lecturas jansenistas y el culto a Fenelón que le incluca Mme de Warens; Rousseau, ya adulto y lector asiduo de la Biblia vivió como los místicos en un universo personal dominado por la oposición entre apariencia y realidad.
Tras el Séptimo paseo, que habla del placer de herborizar, el Octavo y último nos explica cómo Rousseau ha llegado a vivir feliz en medio de las persecuciones: “Hoy, Día de Pascua Florida, se cumplen cincuenta años desde que conocí a Mme de Warens. Ella tenía entonces veintiocho...” El ideal moral de Rousseau de los Sueños es menos el de un místico que el de un estoico bastante más cercano a los pensadores de la época de Luis XIII; los pri. ncipios socráticos se mezclan con la ataraxia estoica (Quinto paseo) y al desprecio estoico de todo aquello frente a lo que la voluntad se muestra impotente (Sexto paseo). El paseante solitario no es ni un héroe, ni un santo, ni un sabio; las fases de firmeza, de aparente serenidad o de resignación alternan con tiempos de debilidad, períodos de angustia o de arrebato, suscitados aparentemente por un incidente que al lector de sangre fría le parece nimio. 

R. Fernández Sotero 

Extraído del Diccionario Literario Parnaso, volumen III, pág. 281 a 282.

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