sábado, 3 de noviembre de 2012

Escenas leídas para tener presente en la prueba

Chicos, aquí les dejo las lecturas que hice en clase del Acto I escenas V y VII. Piensen en el trabajo que me tomé y me dio tipearlas y valórenlo. ¿El mejor pago? EL ESTUDIO. No para mí, para ustedes mismos.






WILLIAM SHAKESPEARE: MACBETH. 




ACTO I ESCENA V

El castillo de Macbeth, en Inverness. Entra LADY MACBETH, leyendo una carta.



"Ellas me encontraron el día de la victoria y me he enterado, por su perfecta profecía, que hay en ellas algo más que un conocimiento humano. Cuando ardía en deseos de preguntarles más, se hhicieron aire, dentro del cual sse desvanecieron. Mientras permanecía absorto por tal maravilla, aparecieron mensajeros del Rey, que me saludaron como 'Thane de Cawdor' , título con el cual antes me habían saludado las hermanas fatídicas, enviándome al futuro con un 'Salve, tú que serás rey' . Esto he tenido a bien revelarte, mi querida compañera de grandezas, para que no pierdas tu parte de regocijo, ignorando  qué bienes se te han prometido. Guarda esto en tu corazón y adiós."


Eres Glamis y Cawdor y serás todo lo que te han prometido, aunque temo que tu naturaleza, 
demasiado llena de la leche de la humana bondad,
te oculte el camino inmediato. Quisieras ser grande,
pues no careces de ambición, pero sin el mal
que debe acompañarla. Lo que quieres ambiciosamente, 
lo quieres santamente. No quisieras jugar falso,
pero sí quisieras tener ganancias ilegítimas.
Quisieras tener, gran Glamis, lo que te grita:
"Debes hacer así si quieres tenerme", 
y sientes más miedo de ahcer esto, que deseos
de que no fuera hechos. Apúrate a venir, para que
yo pueda derramar mi coraje en tus oídos
y anular, con el valor de mi lenguna
todo lo que te aparta de la dorada corona
conque el Destino y la ayuda sobrenatural
parecen coronarte.

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 (Entra un mensajero que le anuncia a Lady Macbeth que el Rey llegará esa noche. Ella dice su famoso monólogo, que en la película la vemos hacerlo en lo alto del castillo, vestida de celeste y con el pelo al viento)

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                                                                        Lady Macbeth


                       El mismo cuervo enronquece

graznando la fatal entrada de Duncan 
bajo mis almenas. Venid vosotros, espíritus
que atendéis los pensamientos asesinos; anulad mi sexo
y llenadme de la cabeza a los pies, completamente,
de la más horrible crueldad.  Espesad mi sangre,
que los escrupulosos visitantes de la naturaleza
no estorben mi feroz propósito, ni se interpongan 
entre él y el acto. Venid a mis senos femeninos
y transformad mi leche en hiel, ministros del crimen,
dondequiera que, en vuestras invisibles sustancias,
veléis sobre el mal de la naturaleza. Ven, espsa noche,
y evapórate en el sombrío humo del infierno,
para que mi agudo cuchillo no vea la herida que causará,
ni el cielo, atisbando a través del manto de las sombras,
pueda gritarme: "Detente, detente."
                                                      (Entra Macbeth)

Gran Glamis, digno Cawdor!

más grande que ambos por el saludo profético.
Tu carta me ha transportado fuera 
de este presente ignorante, y siento ahora
el futuro en este instante.


Macbeth


                                        Mi querido amor,
Duncan viene aquí esta noche.

L. Macbeth


¿Y cuándo se va?


 Macbeth


 Mañana, según creo.


 L. Macbeth

                                                        Oh, nunca 
verá el sol de mañana! Tu rostro, Thane mío, es un libro donde los hombres
podrían leer extrañas cosas. Para engañar al mundo
aparenta ser como el mundo. Lleva la bienvenida 
en tus ojos, en tu mano, en tu lengua. Semeja la flor 
inocente, pero sé la serpiente escondida en ella.
El que viene debe ser atendido; tú debes dejar
en mis manos el gran negocio de esta noche,
que ha de darnos, para todas las noches y días 
por venir, soberano dominio y mando.

  Macbeth


Hablaremos más adelante. 

  L. Macbeth

                                                        Solo debes mirar francamente.
La alteración del rostro siempre es de temer.
Déjame el resto a mí. 

                                                                                                       (Salen) 

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La escena VI es la llegada de Duncan al castillo de Macbeth. Mientras se acerca, las imágenes a las que hacen referencia para describirlo, son de belleza y vida. Hacen referencia a los nidos de golondrinas con la metáfora de "procreantes cunas". Pero ni bien traspasan las puertas del castillo, se desata una terrible tormenta que nos recuerda la concepción del mundo shakespereana. 
Shakespeare vivió en el Renacimiento, por lo que su teatro se vio influido por las ideas propias de dicho momento histórico.  Para él, “el mundo es un orden armónico y natural, que se manifiesta en la existencia de jerarquías inconmovibles que son la garantía de su duración”

Así encontramos nuestro mundo interior, nuestro “microcosmos”, el mundo social en que nos movemos, y el “macrocosmos”, el gran universo, que tiene sus misterios, muchas veces incomprensibles para el ser limitado que es el hombre. El orden universal proviene de Dios, y el Rey es quien se encarga de mantener el orden en el Estado, en la sociedad, puesto que es rey por gracia divina. El orden va de la mano con la Justicia, son inseparables.
Pero en el mundo no sólo viven los hombres. También hallamos a las fuerzas buenas y malas de la naturaleza, que se expresan a través de los hombres. El hombre, entonces, es el campo de batalla donde dichas fuerzas pugnan entre sí, siendo la razón la que representa al bien, y domina a la pasión, que representa al mal. La razón debe impedir el desborde pasional, porque quien domina sus pasiones, realiza, al mismo tiempo, el bien y la justicia.
Cuando este orden se rompe, el mal campea y hace estragos en todos los órdenes: universal, social, individual, sin importar dónde se haya roto primero. Este orden alterado sólo se restaurará mediante la Justicia, quien se encargará de castigar a los malos  y premiar a los buenos. (Ver: monólogo escena VII acto I: “Esta imparcial justicia…”)
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ACTO I ESCENA VII

Castillo de Macbeth. Oboes y antorchas. Entran un trinchador y varios sirvientes con fuentes y servicio de mesa. Entra Macbeth.


Macbeth

Si con hacerlo quedara terminado, entonces estaría bien
si se hiciera rápidamente. Si el asesinato
impidiera las consecuencias y, con el final, 
se cogiera el éxito. Si este golpe pudiera
serlo todo y el fin de todo, entonces aquí,
aquí, sobre esta orilla y bajío del mundo,
arriesgaríamos la vida futura. Pero, en estos casos, 
somos juzgados aquí, donde enseñamos
sangrientas lecciones que, aprendidas, se vuelven
como una plaga contra su inventor. Esta imparcial justicia,
impone a nuestros propios labios los ingredientes
de nuestro emponzoñado cáliz. Él está aquí doblemente
seguro: primeramente soy su pariente y vasallo,
fuertes razones ambas contra el golpe. Además, como
su hospedador, debería cerrar la puerta a sus asesinos,
y no llevar yo mismo el puñal. En segundo lugar,
este Duncan ha usado tan dulcemente sus facultades,
ha sido tan puro en su gran oficio, que sus virtudes
abogarían por él, como ángeles con lenguas de trompetas,
contra el condenable acto de su eliminación,
y la Piedad, com recién nacido desnudo, cabalgando
sobre las ráfagas, o un celestial querubín
montado en los invisibles corceles del aire,
soplaría la horrible acción en todos los ojos,
anegando al viento con las lágrimas. Y yo no tengo
otra espuela para azuzar los flancos de mi intento,
sino mi altiva ambición, que salta sobre sí misma
y cae del otro lado. 
                                                                        (Entra L. Macbeth)
Y ahora ¿qué? ¿Qué noticias hay?
  
   L. Macbeth

Ya casi ha cenado. ¿Por qué has dejado la habitación?

  Macbeth 
¿Ha preguntado por mí?


  L. Macbeth

                                                              ¿Acaso no sabes que lo ha hecho?


                                                                           Macbeth

No debemos proseguir este asunto.
Él acaba de honrarme, y yo he adquirido
una dorada reputación de todo el mundo,
que debería usar en su novísimo lustre, y no
arrojar tan pronto a un lado.

  L. Macbeth    

                                                                               ¿Estaba acaso ebria
                                    la esperanza conque te vestías? ¿O estaba dormida  
                                    acaso y despierta ahora para mirar, verde y pálida
                                    aquello que contemplaba libremente? Desde ahora
                                    así consideraré a tu amor. ¿Tienes miedo
                                    de ser el mismo en la acción y en el valor
                                    que en el deseo? ¿Tú quisieras tener aquello
                                    que estimas como el ornamento de la vida
                                    y vivir como un cobarde ante ti mismo, permitiendo
                                    que un "No me atrevo" supere al "Yo quiero",
                                    igual al infeliz gato del refrán? 

  Macbeth       

                                                                       Te ruego que calles.
Haría todo lo que puede convenirle a un hombre.
Quien se atreva a más, no es hombre.

  L. Macbeth

                                                                                                        ¿Qué fiera fue,
entonces, la que te hizo confiarme esta empresa?
Cuando te atrevías a hacerlo, entonces eras hombre:
para ser más de lo que eras, tú querías
ser mucho más que un hombre. Ni ocasión ni lugar 
se ofrecían, y tú querías fabricarlos ambos;
ahora que ambos se presentan por sí mismos.
la ocasión te amilana. He dado de mamar y sé
cuán tierno es amar al niño que se amamanta;
pero igualmente hubiera arrancado el pezón de sus débiles encías, 
y hubiera estrellado su cerebro, si hubiera jurado
hacerlo como tú juraste. 

   Macbeth           


                                                  ¿Y si fallamos?

  L. Macbeth

                                                  ¿Fallar nosotros?
Aprieta tu coraje hasta llegar al punto firme,
y no fallaremos. Cuando Duncan duerma,
a lo que pronto la fatiga de la dura jornada
de hoy le invitará, con vino y bebidas aromáticas
embriagaré a sus dos chambelanes;
la memoria, guardiana del cerebro,
será solo humo, y el receptáculo de la razón
un alambique tan solo. Cuando, en su sueño de cerdos,
sus cuerpos saturados yazcan como muertos,
¿qué no podríamos hacer tú y yo
con el indefenso Duncan? ¿Qué no podríamos poner
sobre sus esponjosos oficiales? Ellos cargarán
con la culpa de nuestro crimen. 

  Macbeth             
 
                                                  Engendra solo hombres,
pues de tu intrépido valor solo pueden nacer
varones. ¿No sería aceptado por todos, una vez
que hayamos manchado con sangre a los dormidos
guardianes de su cámara, y usado sus propios puñales
que son ellos los autores?


  L. Macbeth

                                                               ¿Quién se atrevería a sospechar
otra cosa, cuando hayamos rugido nuestros clamores
y aflicciones por su muerte?

  
 Macbeth   

                                                                         Estoy decidido, y aplicaré
todas mis fuerzas corporales a esta terible acción.
Adelante! Engañemos al mundo con el más bello espectáculo:
que un falso rostro esconda lo que sabe un falso corazón. 

                                                                                              (Salen)    


(William Shakespeare: La tragedia de Macbeth.  Editorial Síntesis, Versión  y notas de Tabaré Freire Montevideo, 1955)






Escenas de la película Macbeth, de Roman Polanski, 1971,con Jon Finch como Macbeth.





 

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